heridas emocionales

Heridas emocionales en una relación de pareja

Hace 1 díaTiempo de lectura: 4 min
Heridas emocionales en una relación de pareja

Sanar no significa evitar que la herida se active, sino reconocerla cuando surge y enfrentarla con conciencia.

Las heridas emocionales de la infancia pueden manifestarse en la vida adulta de diferentes maneras, influyendo directamente en nuestras relaciones personales. Estas heridas pueden surgir por experiencias intensas y traumáticas, como situaciones como la humillación pública por parte de los padres, abusos físicos o emocionales, o frases hirientes como "nunca haces nada bien" pueden marcar profundamente la autoestima de un niño. Otra de las maneras por las que pueden surgir es por la repetición de experiencias negativas. No siempre es necesario un gran evento traumático. Pequeñas situaciones constantes, como la falta de atención o la postergación continua de las necesidades del niño, pueden hacerle sentir que no es lo suficientemente importante. Sea cual sea la forma en que se originan, estas vivencias dejan una huella emocional que puede influir en la forma en que nos relacionamos con los demás en la adultez.

¿Quién puede causar una herida emocional en la infancia?

No cualquier persona puede marcar nuestra infancia con una herida emocional; deben ser figuras significativas como padres, cuidadores o seres queridos. La percepción que tenemos de nosotros mismos se construye en gran medida a partir de lo que estas figuras nos transmiten. Si alguien cercano nos menosprecia o nos hace sentir insuficientes, es probable que carguemos con esa creencia a lo largo de nuestra vida.

Las heridas emocionales y sus máscaras protectoras

Según la autora Lise Bourbeau, escritora y conferencista canadiense de renombre internacional, para sobrellevar estas heridas, solemos desarrollar "máscaras" que nos protegen del dolor, pero que también pueden sabotear nuestras relaciones personales. A continuación, algunas de las heridas más comunes y sus consecuencias:

  • Herida de abandono: Se genera cuando un niño siente que sus figuras de apego no estuvieron disponibles emocionalmente. En la adultez, esto puede traducirse en miedo a la soledad y dependencia emocional. La máscara que se adopta es la de la dependencia extrema, buscando constantemente la validación de los demás.
  • Herida de rechazo: Ocurre cuando el niño percibe que no es querido o valorado, lo que puede llevar a la autoexclusión y el miedo a la cercanía emocional. Como mecanismo de defensa, estas personas suelen evitar las relaciones profundas y se alejan antes de que puedan ser lastimadas. Su máscara es la huida.
  • Herida de humillación: Se origina en la infancia cuando el niño es descalificado, criticado o ridiculizado por sus cuidadores. En la adultez, quienes la padecen pueden volverse extremadamente autocríticos y desarrollar una tendencia al masoquismo emocional, creyendo que merecen el sufrimiento.
  • Herida de traición: Surge cuando los padres no cumplen promesas o generan expectativas que nunca se concretan. Esto puede hacer que la persona se vuelva controladora y desconfiada en sus relaciones, adoptando la máscara del control para evitar desilusiones.
  • Herida de injusticia: Se desarrolla en entornos donde la rigidez y la falta de valoración son predominantes. En la adultez, quienes han sufrido esta herida tienden al perfeccionismo y a la desconexión emocional como forma de protección. La máscara que adoptan es la rigidez.

¿Cómo impactan estas heridas en la adultez?

Las heridas de la infancia tienden a repetirse en la vida adulta a través de situaciones que las reactivan. Es común sentir que siempre se nos abandona, rechaza o humilla, pero en realidad, estas experiencias actuales son solo el reflejo de heridas no sanadas.

Si te sientes identificado o identificada con alguna de estas heridas y te das cuenta que como mecanismo de defensa has adoptado una de estas mascaras en la adultez, puede ser un buen momento para que hagas un trabajo de introspección con tu niño o niña interior, para lo cual la Biodescodificación puede ser de gran utilidad!

Sanar no significa evitar que la herida se active, sino reconocerla cuando surge y enfrentarla con conciencia.

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